31 cosas que siempre recordarás de tu Erasmus

Las conversaciones en tres idiomas a la vez, tener la vida social de un dj ibicenco, las cenas temáticas que parecían una cumbre de la ONU, asistir a efímeros juramentos de amor eterno, los fines de semana que eran como una gincana, hacer amigos que en un mes se convertían en lo más importante de tu vida, la nostalgia tanguera del regreso… lo que aprendes, lo que descubres, lo que nunca vuelve a ser igual. Sólo podemos decir: Erasmo de Rotterdam, gracias por existir.

1) Los nervios de bajar del avión / tren / autobús / una combinación infernal de las tres cosas sabiendo que empezabas de cero, ignorante de que esa adrenalina del está todo por hacer no iba a ser una compañera recurrente durante toda tu vida.

2) Huir de los españoles al principio para terminar juntándote con ellos porque son los que te entienden cuando dices “fistro”.

3) Convertirte en un muy solicitado cocinero. Da igual lo menguadas que sean tus habilidades culinarias; siempre hay alguien que requiere tus servicios para elaborar una tortilla de patatas y el resultado, por desastroso que sea, será muy aplaudido.

4) Erasmus orgasmus. Cuando alguien habló por primera vez de la riqueza que da el intercambio cultural, estaba pensando en esto.

5) Las conversaciones de “Where are you from?”. Vivir en un bucle conversacional eterno en el que cuentas de dónde eres, qué estudias y relatas el precio y condiciones de las casas en las que has vivido en lo que va de beca.

6) Tener la vida social de un dj ibicenco en temporada alta. Entrar en la residencia o en clase como Tony Manero en la discoteca, saludando a todos y prometiendo asistencia a eventos a los que no piensas acudir.

7) Aprender tacos en todos los idiomas posibles. Ya sabemos, son las primeras palabras que se aprenden de un idioma y las últimas que se olvidan. Kurva.

8) Organizar cada fin de semana una gymkana para recorrer todos los destinos posibles a lo largo de un curso. O planear un mes en los siguientes parámetros: el primer fin de semana a Londres, el segundo a Bélgica, el tercero nos acercamos a Hamburgo y el cuarto creo que celebran una feria del embutido muy buena en Rotterdam.

9) El papeleo y la burocracia. Perseguir a tu coordinador de la beca hasta terminar tratándole de tú y preguntándole por sus hijos. Contar miles de veces los créditos. Hacer magia potagia con las conversiones de asignaturas para terminar sacándote de encima las peores asignaturas y lograr asistir a clases interesantes. Acabar con la certeza de que ese episodio de las 12 pruebas de Asterix en el que tienen que obtener el formulario A38 y van enloqueciendo progresivamente a ti no se te resistiría.

10) La inocencia. Para muchos el año del Erasmus fue la primera vez que vivieron fuera de la casa familiar y para muchos otros la primera vez que vivieron en un país extranjero. Sí, se podía ser tan joven y virgen de tantas cosas. Cómo no recordarlo con una sonrisa.

11) Lograr hacer amigos que en un mes se convierten en lo más importante de tu vida. Muchos desaparecieron tras el último examen pero otros te siguen haciendo bendecir el día en el que rellanaste la casilla de la universidad de destino.

Erasmus

12) Tener muchísima energía y no estar cansado jamás. Apuntarte a planes que en tu vida de antes jamás considerarías. Clase-fiesta-viaje non stop durante nueve meses. Todavía te preguntas cómo podías aguantarlo tan lozano.

13) Lo pardillo que te sientes cuando haces tus primeras compras en el supermercado, buscando tomate frito o luchando por identificar de qué está hecha esa sopa de sobre de marca desconocida.

14) Engancharse a nuevos productos culinarios, marcas de cerveza o variedades de snacks inexistentes en tu patria chica.

15) Ser millonario con tu beca mensual o (más probablemente) ser pobre como una rata. Hacer comparaciones económicas con la cuantía de la beca en otros países y flipar.

16) Sentir mucha pena por los que se van a mitad de curso por tener una beca de sólo un cuatrimestre. Y pensar un poquito “pero qué tontos” también.

17) Derribar todos los tópicos e ideas preconcebidas, y crearte otros nuevos inesperados.

18) Comprender mucho más tu país de origen, sociedad y cultura. No hay nada como tomar distancia para ver tu realidad con otros ojos. Y no digamos si miras a tu propia vida.

19) Celebrar todas las fiestas regionales /tradicionales/profesionales habidas y por haber: de San Patricio al Día de Andalucía, del patrón de Medicina al día de la Publicidad, ninguna fiesta quedaba sin conmemorar.

20) Comparar experiencias con tus amigos de Erasmus en otros países: ¿Qué en la universidad de Mainz hay que estudiar mucho? Ah, haber puesto una ciudad italiana de primera opción.

21) Ser recibido a la vuelta de tus estancias esporádicas en España como un héroe clandestino que pasa penicilina de estraperlo, pero en vez de medicamentos traes sobres de jamón al vacío.

22) La intensidad de vivir más experiencias en 9 meses que en años enteros de vida (y que da como consecuencia el famoso síndrome post-erasmus).

23) Recorrer los mismos puntos turísticos de tu ciudad de acogida una y otra vez para enseñárselos a las visitas. Saberte la fecha de fundación de la catedral, la anécdota graciosa del Rey de turno o el dramático episodio de la Segunda Guerra Mundial mejor que cualquier guía turístico.

24) Tener mucho tiempo libre (no sabías lo preciado que podría volverse ese bien en el futuro) para dedicarlo a tus verdaderas pasiones e incluso poder descubrir otras nuevas.

25) Comparar distintos planes de estudios y estructuras universitarias y que casi siempre la de tu universidad de origen sea la peor.

26) Las cenas temáticas en las que pruebas mil productos alemanes / finlandeses / polacos cuya existencia ni sospechabas y que dan a pie a infinitas conversaciones gastronómicas sobre las diferencias entre chorizos y salchichas.

27) La ausencia de miedo. Atreverse con todo y que todo dé un poco igual. Ese concepto de “vamos a la aventura”, de que ningún colchón será demasiado duro, ningún vuelo saldrá a una hora demasiado intempestiva, ningún compañero de habitación estará demasiado loco si cuentas con “a little help from your friends“.

28) El drama de las fiestas de despedida. Asistir a rupturas sentimentales y amiguiles entre llantos y juramentos de amor eterno. Despedirse de los acólitos más cercanos con los billetes de Ryanair ya comprados para el próximo encuentro.

29) Volver un poco atontado a tu vida de siempre, haciéndote odiar por tus amigos que no compartieron el año Erasmus; tu universidad y tu vida clásica te parece pocha, rutinaria y gris. Créenos, todo pasa.

30) El espabilamiento y la seguridad con la que te das cuenta de que has vuelto a casa. No sólo traes la agenda llena de nombres suecos, daneses e italianos y una nostalgia tanguera rayana en la depresión; por el camino te has hecho más adulto y te sientes más capaz de todo.

31) El surtido de anécdotas, historietas y chascarrillos del que te has nutrido y podrás relatar el resto de tu vida. El Erasmus es la mili del siglo XXI.

Fiesta Erasmus

Vía | Traveler

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