Centro histórico de Praga

Construidos entre los siglos XI y XVIII, los barrios y edificios de la Ciudad Vieja, la Ciudad Nueva y la Ciudad Pequeña atestiguan la magnificencia de la arquitectura y el arte de Praga y explican su gran influencia en la cultura europea desde la Edad Media. Muchos de sus espléndidos monumentos como el castillo de Hradcani, la catedral de San Vito, el puente Carlos y múltiples iglesias y palacios fueron erigidos en el siglo XIV, bajo el reinado de Carlos IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Praga conforma un conjunto arquitectónico urbano de notable calidad, tanto en lo que respecta a los monumentos individuales como al paisaje urbano, que goza de merecida fama en todo el mundo. El centro histórico de Praga ilustra de forma admirable el proceso de crecimiento urbano continuo que se ha vivido desde la Edad Media hasta la actualidad. Ha jugado un importante papel en la evolución cultural, social, económica y política de Europa Central desde el siglo XIV en adelante y sus ricas tradiciones artísticas y arquitectónicas se han convertido en un importante modelo para el desarrollo urbano de gran parte de Europa Central y Europa del Este.

Praga no solo ha influido en la evolución formal de las ciudades, sino que también tuvo un rol destacado en la diseminación del cristianismo en Europa Central durante la Edad Media. Su relevancia política a partir de la baja Edad Media atrajo a arquitectos y artistas de toda Europa, que sumaron tesoros de la arquitectura y el arte al patrimonio de Praga. La fundación en el siglo XV de la Universidad Carolina le valió un gran reconocimiento en el ámbito formativo y un renombre que aún conserva en la actualidad. Desde el reinado de Carlos IV, Praga se ha convertido en el centro cultural e intelectual de su región y está inexorablemente ligada a dos figuras de renombre internacional, Wolfgang Amadeus Mozart y Franz Kafka.

Tres ciudades diferenciadas conforman el casco histórico de Praga: la Ciudad Vieja (Staré Město), la Ciudad Pequeña (Malá Strana) y la Ciudad Nueva (Nové Město). A finales del siglo IX, se erigió una fortificación en una colina situada en la orilla izquierda del río, en el lugar que ahora ocupa el Castillo de Praga. Este asentamiento se extendió colina abajo hacia el río, y se construyó una segunda fortaleza en la orilla opuesta (Vyšehrad). Durante el siglo X, se pobló la zona comprendida entre ambos asentamientos, y Praga se convirtió en la capital de Bohemia y en sede episcopal en el año 973. La construcción de la antigua catedral románica de San Vito se inició a finales del siglo XI.

En 1135, Sobeslao I dio comienzo a los trabajos de construcción de un gran castillo de piedra sobre la antigua estructura de madera. Durante el siglo XII, la ciudad se amplió considerablemente y se edificaron un monasterio premonstratense en Strahov y un nuevo puente de piedra sobre el Moldava, que propició el crecimiento de Staré Město. A mediados del siglo XIV, se vivió una nueva etapa de expansión que impulsó la fundación de la Ciudad Nueva, rodeada de murallas defensivas. A partir de la primera mitad del siglo XIV, Praga se convirtió en un importante centro cultural, al que acudían artistas y arquitectos de toda Europa, sobre todo Italia. Como resultado de ello, se implementó un extraordinario programa de reconstrucción.

En 1541, un trágico incendio destruyó gran parte del asentamiento de la orilla izquierda del Moldava, que se reconstruyó con un estilo predominantemente renacentista. Praga entró en declive tras la Guerra de los Treinta Años, a la que se dio fin en 1648, y no se recuperó completamente hasta finales de siglo, como muestra el vigoroso desarrollo del barroco tardío. Como consecuencia del desarrollo urbano que se vivió a partir de 1880, se demolieron muchos edificios antiguos, entre los que destaca el barrio judío situado en la orilla derecha del Moldava. No obstante, la ciudad se benefició de la construcción de un gran número de edificios notables de estilo contemporáneo.

En la ciudad hay una gran cantidad de monumentos de todos los períodos de su historia. Cabe destacar el Castillo de Praga, la catedral de San Vito, la plaza de Hradčany frente al castillo, el palacio Wallenstein situado en el margen izquierdo del río, el puente gótico de Carlos, la rotonda románica de la Santa Cruz, las casas de soportales góticos que rodean la plaza de la Ciudad Vieja, la iglesia minorita de Santiago de estilo gótico tardío situada en la Ciudad Vieja y los edificios y la planificación urbana de finales del siglo XIX de la Ciudad Nueva.

En la lista de patrimonio amenazado, figura la antigua iglesia de Santa Ana del distrito de la Ciudad Vieja de Praga, que conserva su estructura original y gran parte de la armadura característica, a pesar de haberse utilizado como almacén durante dos siglos. En el interior se conserva una serie de murales góticos, renacentistas y barrocos, así como el artesonado gótico original.

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